Buscar la Canción

Las personas practican la meditación para encontrar alineación psíquica.

 Por eso las personas practican la psicoterapia y el análisis.

Por eso analizan sus sueños y crean arte.

 Por eso muchos leen el Tarot, el I Ching, bailan, tocan el tambor, hacen teatro,

 husmean en la poesía, y encienden el fuego de la oración.

Por eso hacemos todas las cosas que hacemos.

Es la labor de juntar todos los huesos.

Luego tenemos que sentarnos junto al fuego y pensar qué canción usaremos

para cantar sobre los huesos, qué himno de creación, qué himno de re-creación.

Y las verdades que digamos harán la canción.

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El Alma no muere

Puedes mellar el alma y doblegarla.

 Puedes herirla y dejarle cicatrices.

Puedes dejar las marcas de la enfermedad en ella,

y las marcas ardientes del miedo.

Pero el alma no muere, La Loba la protege en el mundo subterráneo.

Ella es a la vez la que encuentra los huesos y la que los incuba.

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¡¡¡Vivir y dejar morir!!!

La Madre de La Creación es también la Madre de La Muerte

y viceversa.

Debido a esta doble naturaleza o doble labor,

el gran trabajo frente a nosotros es aprender a entender  

qué cosas a nuestro alrededor, cerca de nosotros y dentro de nosotros deben vivir,

y cuáles deben morir.

Nuestro Trabajo es entender el momento de ambos sucesos;

permitir que muera lo que tiene que morir,

y que viva lo que tiene que vivir.

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Conociendo a la Mujer Salvaje

 

-Conociendo a la Mujer Salvaje-

Luna

CLARISSA PINKOLA ESTÉS

Mujeres que corren con lobos

 

Cuando perdemos el contacto con la psique instintiva, vivimos en un estado próximo a la destrucción,

 y las imágenes y facultades propias de lo femenino no se pueden desarrollar plenamente.

Cuando una mujer se aparta de su fuente básica, queda esterilizada, pierde sus instintos y sus ciclos vitales naturales

y éstos son subsumidos por la cultura o por el intelecto o el ego, ya sea el propio o el de los demás.

La Mujer Salvaje es la salud de todas las mujeres. Sin ella, la psicología femenina carece de sentido.

La mujer salvaje es la mujer prototípica; cualquiera que sea la cultura, cualquiera que sea la época,

cualquiera que sea la política, ella no cambia. Cambian sus ciclos,

cambian sus representaciones simbólicas,

pero en esencia ella no cambia.

Es lo que es y ella es un todo.

Se canaliza a través de las mujeres. Si éstas están aplastadas, ella las empuja hacia arriba.

Si las mujeres son libres, ella también lo es. Afortunadamente, cuantas veces la hacen retroceder, ella vuelve a saltar hacia delante.

Por mucho que se la prohíba, reprima, constriña, diluya, torture, hostigue y se la tache de insegura, peligrosa, loca y otros epítetos,

 ella vuelve a aflorar en las mujeres, de tal manera que hasta la mujer más reposada y la más comedida guarda un lugar secreto para ella.

 Hasta la mujer más reprimida tiene una vida secreta con pensamientos y sentimientos secretos lujuriosos y salvajes, es decir, naturales.

Hasta la mujer más cautiva conserva el lugar de su yo salvaje, pues sabe instintivamente que algún día habrá un resquicio,

una abertura, una ocasión y ella la aprovechará para huir.

Creo que todas las mujeres y todos los hombres han nacido con ciertos dones.

Sin embargo, poco esfuerzo se ha dedicado en realidad a describir las vidas y los hábitos psicológicos

de las mujeres inteligentes, talentosas y creativas.

En cambio, se ha escrito mucho acerca de las debilidades y las flaquezas de los seres humanos en general y de las mujeres en particular.

Pero, en el caso de la Mujer Salvaje como arquetipo, a fin de comprenderla, captarla y aprovechar lo que ella nos ofrece,

 debemos interesarnos más por los pensamientos, los sentimientos y los esfuerzos que fortalecen a las mujeres

y debemos tener en cuenta los factores interiores y culturales que las debilitan.

En general, si entendemos la naturaleza salvaje como un ser por derecho propio que anima

y conforma la más profunda existencia de una mujer, podremos empezar a desarrollarnos de una manera

que jamás se hubiera creído posible. Una psicología que no consiga dirigirse a este ser espiritual innato que habita

en el centro de la psicología femenina no les sirve para nada a las mujeres y no les servirá tampoco a sus hijas,

 ni a las hijas de sus hijas a lo largo de muchas generaciones por línea materna.

Por consiguiente, para poder aplicar una buena medicina a las partes enfermas de la psique salvaje,

para poder corregir la relación con el arquetipo de la Mujer Salvaje, hay que identificar convenientemente los trastornos de la psique.

Aunque en la profesión clínica disponemos de un buen manual estadístico diagnóstico y una considerable cantidad

de diagnósticos diferenciales así como de parámetros psicoanalíticos que definen las psicopatías

a través de la organización (o ausencia de ella) de la psique objetiva y del eje ego—Yo

2, hay otras conductas y otros sentimientos definitorios que, desde el marco de referencia de una mujer, describen con enorme fuerza lo que ocurre.

¿Cuáles son algunos de los síntomas emocionales de una ruptura de la relación con la fuerza salvaje de la psique?

Sentir, pensar o actuar crónicamente de alguna de las maneras que a continuación se describen es haber cortado parcialmente

 o haber perdido por entero la relación con la psique instintiva más profunda.

Utilizando un lenguaje exclusivamente femenino, dichos síntomas son: sentirse extremadamente seca,

fatigada, frágil, deprimida, confusa, amordazada, abozalada, apática hasta el extremo.

Sentirse asustada, lisiada o débil, falta de inspiración, animación, espiritualidad o significado,

avergonzada, crónicamente irritada, voluble, atascada, carente de creatividad, comprimida, enloquecida.

Sentirse impotente, crónicamente dubitativa, temblorosa, bloqueada, e incapaz de seguir adelante,

ceder la propia vida creativa a los demás, hacer elecciones que desgastan la vida al margen de los propios ciclos,

sobreproteger el yo, sentirse inerte, insegura, vacilante e incapaz de controlar el propio ritmo o de imponerse límites.

No empeñarse en seguir el propio ritmo, sentirse cohibida, lejos del propio Dios o de los propios dioses,

estar separada de la propia revivificación, arrastrada hacia la domesticidad, el intelectualismo,

el trabajo o la inercia por ser éste el lugar más seguro para alguien que ha perdido sus instintos.

Temor a aventurarse en solitario o revelarse, temor a buscar un mentor, una madre 0 un padre,

temor a presentar un trabajo hasta que no se ha conseguido la perfección absoluta,

temor a emprender un viaje, temor a interesarse por otro 0 por otros,

temor a seguir adelante, huir o venirse abajo,

rebajarse ante la autoridad,

perder la energía en presencia de proyectos creativos,

sentir encogimiento, humillación, angustia, entumecimiento, ansiedad.

Temor a reaccionar con agresividad cuando ya no queda nada más que hacer;

temer probar cosas nuevas, enfrentarse con desafíos, hablar claro, oponerse;

sentir náuseas, mareos, acidez estomacal, sentirse como cortada por la mitad o asfixiada;

 mostrarse conciliadora o excesivamente amable, vengarse.

Temor a detenerse 0 a actuar, contar repetidamente hasta tres sin decidirse a empezar,

tener complejo de superioridad, ambivalencia y, sin embargo, estar totalmente capacitada para obrar a pleno rendimiento.

Estas rupturas no son una enfermedad de una era o un siglo sino que se convierten en una epidemia

en cualquier lugar y momento en que las mujeres estén cautivas,

en todas las ocasiones en que la naturaleza salvaje haya caído en una trampa.

Una mujer sana se parece mucho a una loba: robusta, colmada, tan poderosa como la fuerza vital, dadora de vida,

conciente de su propio territorio, ingeniosa, leal, en constante movimiento.

En cambio, la separación de la naturaleza salvaje provoca que la personalidad de una mujer adelgace,

se debilite y adquiera un carácter espectral y fantasmagórico. no estamos hechas para ser unas criaturas enclenques de cabello frágil, i

ncapaces de pegar un salto, de perseguir, dar a luz y crear una vida. Cuando las vidas de las mujeres se quedan estancadas

o se llenan de aburrimiento, es hora de que emerja la mujer salvaje; es hora de que la función creadora de la psique inunde el delta.

¿Cómo influye la Mujer Salvaje en las mujeres?

Teniéndola a ella por aliada, jefa, modelo —y maestra, no vemos  a través de dos ojos ,

sino a través de los ojos de la intuición, que son muchos.

Cuando afirmamos nuestra intuición somos como la noche estrellada:

contemplamos el mundo a través de miles de ojos.

La naturaleza salvaje acarrea consigo los fardos de la curación; lleva todo lo que una mujer necesita para ser y saber.

Lleva la medicina para todas las cosas. Lleva relatos y sueños, palabras, cantos, signos y símbolos.

 Es al mismo tiempo el vehículo y el destino.

Unirse a la naturaleza instintiva no significa deshacerse, cambiarlo todo de derecha a izquierda, del blanco al negro,

trasladarse del este al oeste, comportarse como una loca o sin control.

No significa perder las relaciones propias de una vida en sociedad o convertirse en un ser menos humano.

Significa justo lo contrario, ya que la naturaleza salvaje posee una enorme integridad.

Significa establecer un territorio, encontrar la propia manada, estar en el propio cuerpo con certeza y orgullo,

cualesquiera que sean los dones y las limitaciones físicas, hablar y actuar en nombre propio, ser conciente y estar en guardia,

echar mano de las innatas facultades femeninas de la intuición y la percepción, recuperar los propios ciclos,

descubrir qué lugar le corresponde a una, levantarse con dignidad y conservar la mayor conciencia posible.

El arquetipo de la Mujer Salvaje y todo lo que ésta representa es la patrona de todos los Pintores, escritores, escultores, bailarines,

pensadores, inventores de plegarias, buscadores, descubridores, pues todos ellos se dedican a la tarea de la invención

y ésta es la principal ocupación de la naturaleza instintiva. Como todo arte, reside en las entrañas, no en la cabeza.

Puede rastrear y correr, convocar y repeler. Puede percibir, camuflarse y amar profundamente.

 Es intuitiva, típica y respetuosa con las normas.

Es absolutamente esencial para la salud mental y espiritual de las mujeres.

Por consiguiente, ¿qué es la Mujer Salvaje?

Desde el punto de vista de la psicología arquetípica y también de las antiguas tradiciones, ella es el alma femenina.

Pero es algo más; es el origen de lo femenino. Es todo lo que pertenece al instinto, a los mundos visibles y ocultos… es la base.

Todas recibimos de ella una resplandeciente célula que contiene todos los instintos y los saberes necesarios para nuestras vidas.

“… Es la fuerza Vida/Muerte/Vida, es la incubadora. Es la intuición, es la visionaria, la que sabe escuchar, es el corazón leal.

Anima a los seres humanos a ser multilingües; a hablar con fluidez los idiomas de los sueños, la pasión y la poesía.

Habla en susurros desde los sueños nocturnos, deja en el territorio del alma de una mujer un áspero pelaje y unas huellas llenas de barro.

Y ello hace que las mujeres ansíen encontrarla, liberarla y amarla.

Es todo un conjunto de ideas, sentimientos, impulsos y recuerdos. Ha estado perdida y medio olvidada durante muchísimo tiempo.

Es la fuente, la luz, la noche, la oscuridad, el amanecer. Es el olor del buen barro y la pata trasera de la raposa.

Los pájaros que nos cuentan los secretos le pertenecen.

Es la voz que dice: “Por aquí, por aquí.”

Es la que protesta a voces contra la injusticia. Es la que gira como una inmensa rueda.

Es la hacedora de ciclos. Es aquella por cuya búsqueda dejamos nuestro hogar.

Es el hogar al que regresamos. Es la lodosa raíz de todas las mujeres.

Es todas las cosas que nos inducen a seguir adelante cuando pensamos que estamos acabadas.

Es la incubadora de las pequeñas ideas sin pulir y de los pactos.

Es la mente que nos piensa; nosotras somos los pensamientos que ella piensa.

“¿Dónde está? ¿Dónde la sientes, dónde la encuentras?

Camina por los desiertos, los bosques, los océanos, las ciudades, los barrios y los castillos.

 Vive entre las reinas y las campesinas, en la habitación de la casa de huéspedes,

en la fábrica, en la cárcel, en las montañas de la soledad.

Vive en el gueto, en la universidad y en las calles.

Nos deja sus huellas para que pongamos los pies en ellas.

 Deja huellas dondequiera que haya una mujer que es tierra fértil.

“¿Dónde vive?

En el fondo del pozo, en las fuentes, en el éter anterior al tiempo.

 Vive en la lágrima y en el océano, en la savia de los árboles.

Pertenece al futuro y al principio del tiempo. Vive en el pasado y nosotras la llamamos.

Está en el presente y se sienta a nuestra mesa, está detrás de nosotras cuando hacemos cola y conduce por delante de nosotras en la carretera.

Está en el futuro y retrocede en el tiempo para encontrarnos.

Vive en el verdor que asoma a través de la nieve, vive en los crujientes tallos del moribundo maíz de otoño,

vive donde vienen los muertos a por un beso y en el lugar al que los vivos envían sus oraciones.

Vive en donde se crea el lenguaje. Vive en la poesía, la percusión y el canto.

Vive en las negras y en las apoyaturas y también en una cantata, en una sextina y en el blues.

Es el momento que precede al estallido de la inspiración. Vive en un lejano lugar que se abre paso hasta nuestro mundo.

La gente podría pedir una demostración o una prueba de su existencia.

Pero lo que pide esencialmente es una prueba de la existencia de la psique.

Y, puesto que nosotras somos la psique, también somos la prueba.

Todas y cada una de nosotras somos la prueba no sólo de la existencia de la Mujer Salvaje sino también de su condición en la comunidad.

Nosotras somos la prueba de este inefable numen femenino.

 Nuestra existencia es paralela a la suya.

Las experiencias que nosotras tenernos de ella, dentro y fuera, son las pruebas.

Nuestros miles de millones de encuentros intrapsíquicos con ella a través de nuestros sueños nocturnos y nuestros pensamientos diurnos,

a través de nuestros anhelos y nuestras inspiraciones, nos lo demuestran.

 El hecho de que nos sintamos desoladas en su ausencia y que la echemos de menos

y anhelemos su presencia cuando estamos separadas de ella es una manifestación de que ella ha pasado por aquí…

Arco iris

 

 

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El beso de la Loba

 

 

  Luna

La Loba, la Vieja, La Que Sabe, está dentro de nosotros.

Florece en el más profundo psique del Alma de las mujeres,

es la Antigua y Vital Mujer Salvaje.

Ella describe su hogar como ese lugar en el tiempo

donde el espíritu de las mujeres y el espíritu de los lobos hacen contacto.

el lugar donde su mente y sus instintos se mezclan,

donde la vida profunda de una mujer consolida su vida mundana.

Es el punto donde el Yo y el Tú se besan, el lugar donde las mujeres corren con los lobos.

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Tras los pasos de La Leyenda Personal

 

Cita

Tras los pasos de La Leyenda Personal

Cada vez estoy más convencida de que soy lo que quiero ser. Veo a la gente caminando por la calle y me afirmo una y otra vez que cada uno de nosotros somos nuestro propio destino. Vamos por el mundo sin darnos cuenta de que lo que somos es obra de una única persona, tu mismo. Nacemos vacíos, llenamos el hueco y terminamos rebosados de ideas. ¿Nunca te has preguntado qué hubieses querido ser?, muchas veces construimos a persona equivocada, pero no hace falta mas que aceptarlo y darnos media vuelta en busca de esa persona con la que de niño soñabas ser.

CAPÍTULO 1 – PRINCIPIO DEL CAMINO

Nacemos con una única idea en la cabeza, que ni si quiera se entiende, se tiene, pero no se comprende; que es la de las necesidades que tenemos como humano. Lloramos cuando no tenemos comida, reímos cuando nos hacen cosquillas, pero no somos conscientes de eso, tan solo vivimos sin saber por qué ni como llegamos ahí. Creo que se cuenta con los dedos la gente que se acuerda de cuando eran muy chicos, pero de igual forma, aunque yo no sea ninguna de ellas puedo estar segura que un niño esta ahí por que tiene que estarlo, no porque quiere, lógicamente, ya que no estamos en la capacidad de elegir el querer nacer o no. Llegamos a este mundo lleno de porqués, pero en realidad cuando no tienes en la boca mas que un diente no buscas respuestas, tan solo estas ahí para recibir lo necesario para vivir, una comida, un hogar. No hay ningún bebé que se preocupe del porque el cielo a veces se ve rosa, o por que las arañan trepan por las paredes y nosotros no.

Si nos ponemos a ver todos los bebes son “iguales”. Habrá uno que llore mas que otro, pero estamos de acuerdo que ninguno piensa de diferente manera que otro, todos están ahí por el mismo motivo por el que tu estabas en una cuna en su día. No éramos mas que una criaturita que dependía de otro, que no podía vivir sin alguien que le suministre todo lo que necesitábamos, desde un tetero de leche hasta que nos cambiasen los pañales. No éramos mas que una simple canción empezando a crearse, un boceto de un dibujo, éramos solo el viento de la tormenta que se iría a formar.

Luego empezarán a salir más dientes, ya no tenemos tantos huecos sin pelo en la cabeza y nos vamos formando poquito a poco para ser unos hombres. Estamos para mi en la segunda etapa de la vida: ser un niño.

Si, ya lo se…. dicen que los niños son los seres más felices del mundo, que es la mejor etapa de la vida del ser humano. Cuando eres niño no tienes preocupaciones, vives en torno a un juego, a un sueño, vives con una fantasía en la cabeza. No vez nada imposible, no hay nada que te contradiga a lo que quieres, a lo que sueñas. Todo el mundo dice una opinión respecto a por que los niños son felices. Le he preguntado a varias personas esta pregunta y la mayoría de las respuestas se han concentrado en que son felices por que no tienen un trabajo que les estrese, unos exámenes que los atosiguen… Cuando han dado estas respuesta yo pensé automáticamente en que no todos los niños no tienen preocupaciones. Los niños de la calle que no tienen un hogar, no tienen comida ni familia serían una excepción de esta idea, ya que no cumplen con los requisitos de un niño feliz. Por tanto dejaríamos de un lado a estos y basémonos en esos niños que dicen tener “todo”, ya que eso sería otro cantar. Después de ver las respuestas dadas por la gente me toca a mi dar mi respuesta personal respecto a por que lo niños son tan felices: por que no se ven influenciados por la sociedad. Cuando somos pequeñitos la única diferencia que perciben los niños es que las niñas llevan falda y los niños no. No les da vergüenza mostrarse ante la gente vestidos de una manera, no les importa que todo la gente del restaurante se le quede mirando con malos ojos por el escándalo que está haciendo en la mesa, no les importa sacar todos sus juguetes en medio del pasillo estorbando a la gente, ellos solo hacen lo que quieren hacer en ese momento sin aceptar un “no” por respuesta, por que ahí es cuando viene el llanto. ¿Has visto alguna ves a una niña preocupada por si tiene un manchita en la camisa? ¿Te ha dicho un niño que no va a tal lugar por que le da vergüenza que lo vean? Puede que haya muchos niños que si tengan algo que temer o esconder a alguien, pero esto no va a ser lo que mas le preocupe en la vida como para dejar de ser un niño “feliz”.

Recuerdo que cuando era pequeña mis hermanos me decían que fuera hacia tal persona a decirle algo, que supuestamente debería de ser una broma, y yo sin vergüenza ni sin cortes iba con la cabeza en alto para decirle lo que habían planeado; lo único que quería era hacerles caso a ellos, por que ¿Qué niño no imita a sus hermanos o padres?. Este es otro punto al que quería llegar. ¿Qué chica cuando era pequeña no se había puesto unos tacones sacados del armario de su madre? ¿qué chico no se pintaba bigotes y se ponía una corbata mal amarrada que le llegaba a las rodillas?. Todos fuimos parte de esa mimetización, u observación e imitación a las actitudes y la conducta de tus padres.

Me pongo a ver al patio de los pequeños y veo como una niña se revuelca por la arena, un niño le pide prestado una muñeca a su amiga, y ninguno se va a preocupar por la visión que esté dando ante los demás, aunque revolcándose por la arena la falda le haya llegado a la cabeza. No tiene esa preocupación de ser lo que quieren que seas, son lo que son por que eso les hace feliz; hacen lo que hacen por que creen que es lo más divertido para el momento sin tomar en cuenta en realidad lo que están haciendo. No hay niña que se vea en el espejo y se traumatice por ver manchita en la cara, no hay niño que no salga de casa por que se le acabo el gel para el cabello, no hay una pequeña que deje de ir a la playa en bikini por que tiene unos kilitos de más…. en fin, a lo que quiero llegar es a la conclusión de que es muy pero que muy difícil encontrarse a un chiquillo preocupado por su apariencia externa, y por el “que dirán” de la gente, que a la larga va a ser uno de los problemas que mas te amarguen la vida.

Como dijo Paulo Coehlo en su libro “El Alquimista”, en el que señaló “-Es aquello que siempre deseaste hacer. Todas las personas, al comienzo de su juventud, saben cual es su Leyenda Personal. En ese momento de la vida todo se ve claro, todo es posible, y ellas no tienen miedo de soñar y desear todo aquello que le gustaría hacer en sus vidas. No obstante, a medida que el tiempo va pasando, una misteriosa fuerza trata de convencerlas de que es imposible realizar su Leyenda Personal”, refiriéndose a Leyenda Personal a eso con lo que se sueña ser y conseguir. Con esta parte de ese libro quise apoyar mi idea en la cual opino que el niño no ve nada imposible, y es a lo largo de los años cuando empezamos a ver todo con claridad y darnos cuenta que no todo lo que se soñaba se puede cumplir, cosa a la cual me opongo, ya que como dijo este excelente escritor “Nada nos impide hacer lo que queremos, excepto nosotros mismos”.

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¿Quién es La Mujer Salvaje?

 

 

Luna

Clarissa Pinkola

"Mujeres que corren con lobos "

Lobosauuu

Introducción

No se puede abordar la cuestión del alma femenina moldeando a la mujer de manera que se adapte

a una forma más aceptable según la definición de la cultura que la ignora,

 y tampoco se puede doblegar a una mujer con el fin de que adopte una configuración

intelectualmente aceptable para aquellos que afirman ser los portadores exclusivos del conocimiento.

No, eso es lo que ya ha dado lugar a que millones de mujeres que empezaron siendo unas potencias

fuertes y naturales se hayan convertido en unas extrañas en sus propias culturas.

El objetivo tiene que ser la recuperación de las bellas y naturales formas psíquicas femeninas y la ayuda a las mismas.

Los cuentos de hadas, los mitos y los relatos proporcionan interpretaciones que aguzan nuestra visión

y nos permiten distinguir y reencontrar el camino trazado por la naturaleza salvaje.

Las enseñanzas que contienen nos infunden confianza: el camino no se ha terminado

sino que sigue conduciendo a las mujeres hacia el conocimiento cada vez más profundo de sí mismas.

Los senderos que todos seguimos son los del Yo instintivo innato y salvaje.

La llamo la Mujer Salvaje porque estas dos palabras en concreto, “mujer” y “salvaje”,

son las que crean el llamar o tocar a la puerta, la mágica llamada a la puerta de la profunda psique femenina.

Llamar o tocar a la puerta significa literalmente tañer el instrumento del nombre para hacer que se abra una puerta.

Significa utilizar unas palabras que dan lugar a la abertura de un pasadizo.

Cualquiera que sea la cultura que haya influido en una mujer,

ésta comprende intuitivamente las palabras “mujer” y “salvaje”.

Cuando las mujeres oyen esas palabras, despierta y renace en ellas un recuerdo antiquísimo.

 Es el recuerdo de nuestro absoluto, innegable e irrevocable parentesco con el femenino salvaje,

una relación que puede haberse convertido en fantasmagórica como consecuencia del olvido,

haber sido enterrada por un exceso de domesticación y proscrita por la cultura circundante,

o incluso haberse vuelto ininteligible. Puede que hayamos olvidado los nombres de la Mujer Salvaje,

puede que ya no contestemos cuando ella nos llama por los nuestros,

pero en lo más hondo de nuestro ser la conocemos, ansiamos acercarnos a ella;

sabemos que nos pertenece y que nosotras le pertenecemos.

Nacimos precisamente de esta fundamental, elemental y esencial relación

y de ella derivamos también en esencia. El arquetipo de la Mujer Salvaje envuelve el ser alfa matrilíneo.

Hay veces en que la percibimos, aunque sólo de manera fugaz, y entonces experimentamos

el ardiente deseo de seguir adelante.

Algunas mujeres perciben este vivificante “sabor de lo salvaje” durante el embarazo,

durante la lactancia de los hijos, durante el milagro del cambio que en ellas se opera cuando crían a un hijo

o cuando cuidan una relación amorosa con el mismo esmero con que se cuida un amado jardín.

La existencia de la Mujer Salvaje también se percibe a través de la visión;

a través de la contemplación de la sublime belleza.

Yo la he percibido contemplando lo que en los bosques llamamos una puesta de sol “de Jesús Dios”.

La he sentido en mi interior viendo venir a los pescadores del lago en el crepúsculo con las linternas encendidas y,

 asimismo, contemplando los dedos de los pies de mi hijo recién nacido, alineados como una hilera de maíz dulce.

La vemos donde la vemos, o sea, en todas partes.

Viene también a nosotras a través del sonido; a través de la música que hace vibrar el esternón y emociona el corazón;

 viene a través del tambor, del silbido, de la llamada y del grito. Viene a través de la palabra escrita y hablada;

 a veces, una palabra, una frase, un poema o un relato es tan sonoro y tan acertado que nos induce a recordar,

por lo menos durante un instante, de qué materia estamos hechas realmente y dónde está nuestro verdadero hogar.

Estos transitorios “sabores de lo salvaje” se perciben durante la mística de la inspiración… ah, aquí está; oh, ya se ha ido.

El anhelo que sentimos de la Mujer Salvaje surge cuando nos tropezamos con alguien

que ha conseguido establecer esta relación indómita. El anhelo aparece cuando una se da cuenta

de que ha dedicado muy poco tiempo a la hoguera mística o a la ensoñación,

 y demasiado poco tiempo a la propia vida creativa,

a la obra de su vida o a sus verdaderos amores.

Y, sin embargo, son estas fugaces experiencias que se producen tanto a través de la belleza

como de la pérdida las que nos hacen sentir desnudas, alteradas y ansiosas

hasta el extremo de obligarnos a ir en pos de la naturaleza salvaje.

Y llegamos al bosque o al desierto o a una extensión nevada y nos ponemos a correr como locas,

nuestros ojos escudriñan el suelo, aguzamos el oído, buscando arriba y abajo, buscando una clave,

 un vestigio, una señal de que ella sigue viva y de que no hemos perdido nuestra oportunidad.

 Y, cuando descubrimos su huella, lo típico es que las mujeres corramos para darle alcance,

dejemos el escritorio, dejemos la relación, vaciemos nuestra mente, pasemos la página,

insistamos en hacer una pausa, quebrantemos las normas y detengamos el mundo,

pues ya no podernos seguir sin ella.

Si las mujeres la han perdido, cuando la vuelvan a encontrar,

pugnarán por conservarla para siempre.

Una vez que la hayan recuperado,

lucharán con todas sus fuerzas

 para conservarla,

pues con ella florece su vida creativa;

 sus relaciones adquieren significado, profundidad y salud;

 sus ciclos sexuales, creativos, laborales y lúdicos se restablecen;

 ya no son el blanco de las depredaciones de los demás, y tienen el mismo derecho

a crecer y prosperar según las leyes de la naturaleza.

Ahora su cansancio—del—final—de—la—jornada procede de un trabajo y un esfuerzo satisfactorios,

no del hecho de haber estado encerradas en un esquema mental, una tarea o una relación excesivamente restringidos.

Saben instintivamente cuándo tienen que morir las cosas y cuándo tienen que vivir; saben cómo alejarse y cómo quedarse.

Cuando las mujeres reafirman su relación con la naturaleza salvaje, adquieren una observadora interna permanente,

 una conocedora, una visionaria, un oráculo, una inspiradora, un ser intuitivo, una hacedora, una creadora,

 una inventora y una oyente que sugiere y suscita una vida vibrante en los mundos interior y exterior.

Cuando las mujeres están próximas a esta naturaleza, dicha relación resplandece a través de ellas.

Esa maestra, madre y mentora salvaje sustenta, contra viento y marea,

la vida interior y exterior de las mujeres.

Por consiguiente, aquí la palabra “salvaje” no se utiliza en su sentido peyorativo moderno

con el significado de falto de control sino en su sentido original que significa vivir una existencia natural,

en la que la criatura posee una integridad innata y unos límites saludables.

 Las palabras “mujer” y “salvaje” hacen que las mujeres recuerden

quiénes son y qué es lo que se proponen.

Personifican la fuerza que sostiene a todas las mujeres.

El arquetipo de la Mujer Salvaje se puede expresar en otros términos igualmente idóneos.

Esta poderosa naturaleza psicológica se puede llamar naturaleza instintiva,

pero la Mujer Salvaje es la fuerza que se oculta detrás de ella.

Se puede llamar psique natural, pero detrás de ella

está también el arquetipo de la Mujer Salvaje.

Se puede llamar la naturaleza innata y fundamental de las mujeres.

Se puede llamar la naturaleza autóctona o intrínseca de las mujeres.

En poesía se podría llamar lo “Otro” o los “siete océanos del universo”

o “los bosques lejanos” o “La Amiga”

1. En distintas psicologías y desde distintas perspectivas quizá se podría llamar el “id“, el Yo,

la naturaleza medial. En biología se llamaría la naturaleza típica o fundamental.

Pero, puesto que es tácita, presciente y visceral, entre las cantadoras se la llama naturaleza sabia o inteligente.

A veces se la llama la “mujer que vive al final del tiempo” o la “que vive en el borde del mundo”.

Y esta criatura es siempre una hechicera—creadora o una diosa de la muerte o una doncella

que desciende o cualquier otra personificación.

 Es al mismo tiempo amiga y madre de todas las que se han extraviado,

de todas las que necesitan aprender, de todas las que tienen un enigma que resolver,

de todas las que andan vagando y buscando en el bosque y en el desierto.

De hecho, en el inconciente psicoide —un inefable estrato de la psique, del cual emana este fenómeno—

la Mujer Salvaje es tan inmensa que no tiene nombre.

 Pero, dado que esta fuerza engendra todas las facetas importantes de la feminidad,

 aquí en la tierra se la denomina con muchos nombres, no sólo para poder examinar

la miríada de aspectos de su naturaleza sino también para aferrarse a ella.

Puesto que al principio de la recuperación de nuestra relación con la Mujer Salvaje,

ésta se puede esfumar en un instante, al darle un nombre podemos crear para ella

 un ámbito de pensamiento y sentimiento en nuestro interior.

Entonces vendrá y, si la valoramos, se quedará.

Así pues, en español yo la llamo Río bajo el Río; La Mujer Grande; Luz del Abismo; La Loba o La Huesera.

En húngaro se llama Ö, Erdöben, Ella la de los Bosques, y Rozsomák, el Tejón Hembra.

En navajo es Na’ashjé’ii Asdzáá, La Mujer Araña que teje el destino

de los seres humanos y los animales, las plantas y las rocas.

 En Guatemala, entre otros muchos nombres, es Humana de Niebla, el Ser de la Niebla, la mujer que siempre ha existido.

En japonés es Amaterasu Omikami, La Divinidad que trae toda luz y toda conciencia.

En el Tíbet se llama Dakini, la fuerza danzante que otorga clarividencia a las mujeres.

Y la lista de nombres sigue. Ella sigue…

La comprensión de la naturaleza de esta Mujer Salvaje no es una religión sino una práctica.

Es una psicología en su sentido más auténtico: psukhèlpsych, alma; ology o logos, conocimiento del alma.

Sin ella, las mujeres carecen de oídos para entender el habla del alma o percibir el sonido de sus propios ritmos internos.

Sin ella, una oscura mano cierra los ojos interiores de las mujeres y buena parte de sus jornadas

transcurre en un tedio semiparalizador o en vanas quimeras.

Sin ella, las mujeres pierden la seguridad de su equilibrio espiritual.

Sin ella, olvidan por qué razón están aquí, se agarran cuando sería mejor que se soltaran.

Sin ella, toman demasiado o demasiado poco o nada en absoluto.

Sin ella se quedan mudas cuando, en realidad, están ardiendo.

 

 

Ella es la reguladora. ¡Es el corazón espiritual!.

 

                                                                                                        Arco iris

 

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Mujer Salvaje. Alma de Loba

«Aquél que no puede aullar, no podrá encontrar su manada»          Charles Simic 
Luna
 
 
Los estudios de los lobos Canis lupus y Canis rufus son como la historia de las mujeres, tanto en lo concerniente a su coraje como a sus fatigas. 
 Los lobos sanos y las mujeres sanas comparten ciertas características psíquicas: una aguda percepción, un espíritu lúdico y una elevada capacidad de afecto.
 Los lobos y las mujeres son sociables e inquisitivos por naturaleza y están dotados de una gran fuerza y resistencia.  Son también extremadamente intuitivos y se preocupan con fervor por sus vástagos, sus parejas y su manada. Son expertos en el arte de adaptarse a las circunstancias siempre cambiantes y son fieramente leales y valientes. Y, sin embargo, ambos han sido perseguidos, hostigados y falsamente acusados de ser voraces, taimados y demasiado agresivos y de valer menos que sus detractores.
Han sido el blanco de aquellos que no sólo quisieran limpiar la selva sino también el territorio salvaje de la psique, sofocando lo instintivo hasta el punto de no dejar ni rastro de él.
 La depredación que ejercen sobre los lobos y las mujeres aquellos que no los comprenden es sorprendentemente similar. Por consiguiente, fue ahí, en el estudio de los lobos, donde por primera vez cristalizó en mí el concepto del arquetipo de la Mujer Salvaje.
 He estudiado también a otras criaturas como, por ejemplo, el oso, el elefante y esos pájaros del alma que son las mariposas. Las características de cada especie ofrecen abundantes indicios de lo que es posible conocer acerca de la psique instintiva femenina 
 Como un sendero del bosque que poco a poco se va borrando hasta que, al final, se reduce a casi nada, la teoría psicológica tradicional también se agota demasiado pronto cuando se trata de analizar a la mujer creativa, talentosa, profunda 
No se puede abordar la cuestión del alma femenina moldeando a la mujer de manera que se adapte a una forma más aceptable según la definición de la cultura que la ignora, y tampoco se puede doblegar a una mujer con el fin de que adopte una configuración intelectualmente aceptable para aquellos que afirman ser los portadores exclusivos del conocimiento. No, eso es lo que ya ha dado lugar a que millones de mujeres que empezaron siendo unas potencias fuertes y naturales se hayan convertido en unas extrañas en sus propias culturas. El objetivo tiene que ser la recuperación de las bellas y naturales formas psíquicas femeninas.
Clarissa Pínkola «Mujeres que corren con Lobos»
 
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